¿Qué es la depresión?
La depresión —o trastorno depresivo mayor— es una enfermedad médica que altera de forma sostenida el estado de ánimo, la energía, el sueño, el apetito y la capacidad de disfrutar. No es un mal día, ni una etapa difícil, ni una cuestión de actitud: es un cuadro clínico con criterios diagnósticos definidos y tratamientos con evidencia sólida.
La diferencia clave con la tristeza normal es la persistencia y el impacto funcional. La tristeza tiene una causa identificable, fluctúa durante el día y no impide funcionar. La depresión se instala por semanas, no cede aunque ocurran cosas buenas, y deteriora el trabajo, las relaciones y el autocuidado.
En Chile la depresión es uno de los principales motivos de licencia médica de salud mental y una de las primeras causas de años de vida perdidos por discapacidad. Afecta aproximadamente al doble de mujeres que de hombres, aunque en hombres se diagnostica menos porque suele expresarse como irritabilidad, aislamiento o consumo de alcohol en lugar de llanto y tristeza.
Una pregunta que aparece en casi todas las primeras consultas: ¿la depresión se cura? En la mayoría de los casos, sí. Un episodio depresivo tratado correctamente remite, y con un tratamiento sostenido el tiempo suficiente el riesgo de recaída baja de manera importante. Lo que no funciona es esperar a que pase sola.
Síntomas: mucho más que estar triste
El diagnóstico exige la presencia de varios síntomas durante al menos dos semanas, la mayor parte del día y casi todos los días, con un cambio claro respecto al funcionamiento previo. Estos son los más frecuentes:
Síntomas anímicos y cognitivos
Síntomas físicos que suelen pasarse por alto
Un grupo importante de pacientes llega a la consulta hablando sólo de los síntomas físicos: el cansancio, el dolor de cabeza, el insomnio. La depresión se manifiesta en el cuerpo con tanta frecuencia como en el ánimo, y por eso muchos casos pasan años buscando una explicación en otras especialidades.
No toda depresión es igual
Episodio depresivo mayor
El cuadro clásico: síntomas intensos que aparecen durante semanas o meses y marcan un contraste claro con el estado previo. Puede ser único o repetirse en episodios a lo largo de la vida.
Distimia o trastorno depresivo persistente
Síntomas más leves pero que se prolongan por años. Muchas personas con distimia creen que «así son ellas» y nunca consultan, porque no recuerdan haberse sentido de otra manera. Responde bien al tratamiento.
Depresión en el contexto de un trastorno bipolar
Cuando hay antecedentes de episodios de energía elevada, menos necesidad de sueño o impulsividad inusual, el cuadro puede corresponder a un trastorno bipolar y no a una depresión unipolar. La distinción es crítica: tratar una depresión bipolar sólo con antidepresivos puede desestabilizar al paciente.
Depresión secundaria a una causa médica
Hipotiroidismo, anemia, déficit de vitamina B12 o D, apnea del sueño, dolor crónico y varios medicamentos de uso habitual pueden producir un cuadro indistinguible de una depresión primaria. Descartar estas causas forma parte de una evaluación bien hecha.
Depresión con consumo de alcohol o sustancias
El consumo puede ser causa, consecuencia o ambas cosas. Cuando coexisten, el abordaje debe ser simultáneo; se aborda con más detalle en adicciones y patología dual.
Causas y factores de riesgo
La depresión no tiene una causa única. Es el resultado de la interacción entre vulnerabilidad biológica, historia personal y circunstancias actuales. Entre los factores que aumentan el riesgo:
- Antecedentes familiares de depresión, trastorno bipolar o suicidio
- Episodios depresivos previos: cada episodio aumenta la probabilidad del siguiente
- Experiencias adversas tempranas y trauma no elaborado
- Estrés sostenido: sobrecarga laboral, cuidado prolongado de un familiar, precariedad económica
- Pérdidas y cambios vitales importantes, incluyendo el duelo
- Enfermedades médicas crónicas, dolor persistente y alteraciones hormonales
- Consumo de alcohol, cannabis u otras sustancias
- Aislamiento social y falta de red de apoyo
Que exista un motivo externo comprensible no significa que el cuadro no requiera tratamiento. Una depresión desencadenada por un despido o una separación sigue siendo una depresión, y puede necesitar exactamente la misma intervención que una sin causa aparente.
¿Cómo se diagnostica la depresión?
No existe un examen de sangre que diagnostique depresión. El diagnóstico es clínico: se basa en una entrevista estructurada que evalúa síntomas, duración, intensidad e impacto funcional, junto con la historia personal y familiar. En la consulta de psiquiatría de adultos en Soroa Salud el proceso incluye:
Mi proceso de evaluación
- Entrevista clínica en profundidad: qué le pasa, desde cuándo, cómo empezó y qué está afectando
- Revisión de antecedentes médicos, psiquiátricos y familiares
- Revisión de todos los medicamentos que toma, incluidos los indicados por otros especialistas
- Evaluación del consumo de alcohol y sustancias, sin juicio y sin rodeos
- Descarte de causas médicas: perfil tiroideo, hemograma, perfil bioquímico, vitamina B12 y D cuando corresponde
- Búsqueda activa de antecedentes de episodios de elevación anímica, para no confundir una depresión bipolar con una unipolar
- Evaluación del riesgo y de la red de apoyo disponible
La formación de la Dra. Gorrín en medicina familiar además de psiquiatría es especialmente útil en esta etapa: permite reconocer cuándo el ánimo bajo está siendo producido o agravado por una condición médica y pedir los exámenes correctos desde la primera consulta.
Tratamiento: qué funciona realmente
El tratamiento de la depresión en el adulto se apoya en tres pilares que se combinan según la gravedad del cuadro, no según una preferencia teórica.
1. Tratamiento farmacológico
Los antidepresivos son eficaces en cuadros moderados y graves. Hay algunas cosas que conviene saber antes de empezar: no actúan de inmediato —el efecto pleno aparece típicamente entre la segunda y la sexta semana—, no producen dependencia, y no cambian la personalidad. La elección del fármaco depende del perfil de síntomas, de las enfermedades que el paciente ya tiene y de las interacciones con su tratamiento actual.
El error más frecuente es suspender el tratamiento apenas se siente mejor. Un episodio depresivo requiere mantener la medicación varios meses después de la mejoría para consolidar la remisión y reducir la recaída. La suspensión siempre debe ser gradual y acordada con el médico.
2. Psicoterapia
La psicoterapia tiene evidencia sólida, sola en cuadros leves y combinada con fármacos en los moderados y graves. Trabaja sobre los patrones de pensamiento, las conductas de evitación y los conflictos que sostienen el cuadro. En Soroa Salud la derivación a psicología clínica ocurre dentro del mismo centro, lo que permite que ambos tratamientos se coordinen en lugar de correr en paralelo.
3. Intervenciones sobre hábitos y contexto
- Regularización del sueño: horarios estables, reducción de pantallas nocturnas y manejo del insomnio, que suele ser el primer síntoma en aparecer y el último en irse
- Actividad física regular, con evidencia propia como coadyuvante
- Reducción o suspensión del alcohol, que empeora el ánimo y el sueño aunque produzca alivio momentáneo
- Reactivación conductual progresiva: recuperar actividades con calendario, no esperando a tener ganas
- Licencia médica cuando el cuadro impide funcionar, como parte del tratamiento y no como un trámite
La depresión tratada a tiempo remite más rápido y recae menos
Cada mes de espera acumula deterioro laboral, desgaste en las relaciones y pérdida de autoestima que después cuesta más revertir. Una primera evaluación ordena el problema y define un plan concreto.
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Si reconoce varios de estos puntos, una evaluación profesional está indicada:
- Los síntomas llevan más de dos semanas y no han mejorado
- Su rendimiento laboral o académico cayó de forma evidente
- Dejó de hacer cosas que antes disfrutaba y no logra retomarlas
- El sueño está alterado casi todas las noches
- Está usando alcohol, fármacos o sustancias para sobrellevar el día
- Ha tenido episodios depresivos antes y reconoce el patrón
- Ya intentó con psicoterapia y no ha sido suficiente
- Tiene pensamientos de muerte o de hacerse daño
Si hay pensamientos de hacerse daño, no espere a una hora agendada. Acuda al servicio de urgencia más cercano, llame al SAMU 131 o a la línea *4141 de Salud Responde, disponible las 24 horas. Cuéntele a alguien de confianza lo que está sintiendo. Es una situación tratable y la ayuda inmediata existe.
Aviso médico: este artículo tiene fines informativos y educativos. No sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el tratamiento por parte de un profesional de salud mental. Si se identifica con lo descrito aquí, consulte con un médico psiquiatra. Si usted o alguien cercano está en riesgo inmediato, acuda a un servicio de urgencia o llame al SAMU 131; en Chile también está disponible la línea *4141 de Salud Responde, las 24 horas.

